DERRIBANDO EL MITO: ¿EL FRIO ES PSICOLOGICO?

Estephano Garrido Ortiz, Psicólogo +56981461998.

 

“Es natural que el frío aparezca, podemos metaforizarlo con nuestra vida misma, donde hemos pasado inviernos crudos sin ser junio, y también hemos podido florecer nuevamente, sin ser octubre.”

 

“El invierno tiene su propia sección. El ambiente gélido, hace que las personas quieran quedarse en casa, dan menos ganas de salir, menos ganas de levantarse, menos ganas de tener sociabilización.”

 

“Las indicaciones para las personas mayores es que se cuiden del frío, que reduce las defensas del cuerpo y dejar expuesto a una enfermedad.”

Se acerca el invierno, y este otoño ya nos ha dado bosquejos sobre cómo se afrontará la temporada invernal, donde el frío es uno de sus protagonistas principales. Pero antes de derribar la idea, hay que pensar desde donde nace el mito y cuál es la creencia que se asocia a esto.

 

Bueno, el origen es uno, el poder de la mente. Se cree popularmente que la mente es capaz de controlarlo todo, y cuando somos así de holistas, también asumimos que se podría controlar los factores exteriores. Hay casos quizá, donde ejercicios como la meditación, o la hipnosis, logren eliminar debilidades y/o respuestas mentales, como la ansiedad, el miedo o el asco, así como también algunos factores físicos, cómo el dolor, el vértigo y los impulsos. Popular fue a inicios de los 2000, el caso de un monje tibetano que se sometió a una extracción de muelas del juicio sin anestesia, solo a base de pura meditación. Otros son los faquires, que, entre ilusión y control, logran caminar por fuego o recostarse en clavos. 

 

Pero parte de este “control mental”, es la capacidad que tenemos de resignificar las cosas por un lado, y entrenarlas por el otro. Más, la consideración central se basa en que la concentración y el carácter deben prevalecer sobre los estímulos.

 

Pero el frío, y su contraparte, el calor, son cosas diferentes. Es sabido que la filosofía es la madre de muchas humanidades, entre ella la psicología. Entre sus variadas perspectivas, encontramos una definición, muchas veces común, no podemos controlar lo que no nos compete, es decir, el ser humano solo controla lo que dice, piensa y hace. Los sentidos, están conectados por otro canal, donde los identificamos, los podemos asociar, pero rara vez controlar.

El frío es una sensación, que está altamente potenciada por el ambiente, cosas exteriores e incontrolables para el ser humano. Si el frío fuese algo mental, algo que nosotros decidimos sentir o no, entonces las plantas no lo padecerían, el agua no se congelaría ni se concentraría en los extremos del planeta. El frío NO es mental. El resultado es majadero, solo nos queda abrigarnos hartos, tener estufas, beber líquidos calientes y rezar que sea solo un invierno y no una eterna ola polar.

 

Pero, ¿y la mente, realmente no puede hacer nada al respecto? Bueno, el concreto el frío es un factor ambiental, pero también puede ser una sensación psicológica, que puede ser potenciada incluso, por algunos factores. ¿No han escuchado a alguien, alguna vez, decir que se tiene frío porque no se come? Bueno, eso tiene mucho que ver con el consumo de calorías, no está lejos de la realidad.

 

Por otro lado, existen situaciones previas que podrían acrecentar la percepción de frío, desde el hipotiroidismo, que genera una mayor sensibilidad a los receptores dérmicos del cuerpo. Así como también, nuestro inseparable estrés. Y es que, el estrés es determinante para el frío, sobre todo en los procesos que lo acompañan; los cuadros de estrés pueden ingerir en trastornos del ánimo, cómo la depresión, los cuadros de angustia e incluso, la labilidad emocional. Esto es también un factor que predispone al organismo a una baja en su funcionamiento, por lo que las sensaciones externas e internas, nos dejan expuestos a sentir más frío. En el caso de las personas mayores, también hay pruebas que ciertas afecciones sociales, como la soledad o el aislamiento, también pueden generar predisposiciones a ser más sensible al frío.

 

Pero volviendo al centro del dilema. No, el frío no es psicológico, concretamente hablando. En conjunto a ello, tenemos que considerar que independiente de que sea algo que podemos controlar, también tiene injerencias en nuestro estado de ánimo. Las depresiones estacionales varían, y coexisten en las estaciones del año. Hay gente que para el estío tiene afecciones de carácter por el exceso de calor, el otoño por otro lado, aumente en la población la sensación de nostalgia y la predisposición al clima inherente del invierno. La primavera es otro tipo de trastorno estacional del ánimo sobre el renacimiento de las cosas, el paso del frío y la popular aparición del amor.

 

El invierno tiene su propia sección. El ambiente gélido, hace que las personas quieran quedarse en casa, dan menos ganas de salir, menos ganas de levantarse, menos ganas de tener sociabilización, y lo que se prefiere siempre será el acto mamífero de invernar. Supongo que no dejamos jamás de ser animales, y hay conductas propias de ellos que nosotros también las preferiríamos, si pudiéramos, claro está.

 

¿Cómo afrontarlo? Bueno, sobra la sugerencia de abrigarse mucho. Pero también hay que entender que el frío marca también un precedente ambiental que es parte de un ciclo mucho más grande. Es natural que el frío aparezca, podemos metaforizarlo con nuestra vida misma, donde hemos pasado inviernos crudos sin ser junio, y también hemos podido florecer nuevamente, sin ser octubre.

 

Las indicaciones para las personas mayores es que se cuiden del frío, que reduce las defensas del cuerpo y dejar expuesto a una enfermedad. De esto mismo, el cuidado de las enfermedades respiratorias, harta vitamina C, preferir los líquidos calientes y por sobre todo, aprender a sentir y convivir con el frío, siempre en pos de nuestro bienestar emocional.