EL TEMPERAMENTO Y LA FORJA DEL CARACTER, DOS COSAS QUE VAN DE LA MANO
Estephano Garrido Ortiz, Psicólogo +56981461998.

“Si tuviésemos que definir al carácter, lo definiríamos como un cúmulo de virtudes que se pulen a lo largo del tiempo y a través de la experiencia, para poder controlar el temperamento.”
“Es cierto que las personas, mientras más mayores se ponen, más experiencia tienen, pero lo que no es del todo cierto es que se pongan más sabias.”
Cuando pensamos en el concepto de “temperamento”, se nos vienen también a la cabeza ciertas frases que usamos con regularidad que aluden lo mencionado; “es de temperamento fuerte”, “es temperamental”, etc. Pero, ¿qué sabemos realmente del temperamento?, bueno, más de lo que creemos.
El temperamento no tiene estudios recientes, cómo se puede presumir. La historia dicta que su origen se remonta por la antigua Grecia. Para esos años, Hipócrates, el padre de la medicina, había inventado varias formas de poder hacer exámenes que permitieran entender lo que sucedía con sus pacientes. Algo innovador para la época, considerando que, para esos tiempos, la tecnología diagnóstica actual sería algo impensado, el médico griego tenía otras cosas en mente.
El vómito, ese era uno de sus exámenes principales. Con el vómito, Hipócrates podía sacar conclusiones variadas y descartes respecto a sus diagnósticos, entre ellos, la alimentación, el estado del estómago, infecciones e incluso, seccionar según su textura y color, los motivos similares o la sintomatología similar de los pacientes.
Es en esta disección, que Hipócrates se percata de la similitud entre la personalidad de sus pacientes y la sintomatología que sentían. Es así como nace la idea del temperamento, una esfera biológica de la personalidad. Han pasado más de 4.000 años desde estos momentos al ahora, y hoy en día sabemos mucho más, sabemos que el temperamento rige la conducta emocional, que es hereditario, que podemos apreciarlo desde temprana edad en aspectos como la sociabilidad, la expresión y la reacción a variados estímulos.
Si bien, los inicios de la psicología como tal, se ubican a finales del 1800, los aportes de Hipócrates dan un conducto base. La neurología no está lejos de ello, ya que, dentro de este mismo siglo, ocurrió el accidente de Phineas Cage, a quién lamentablemente una vara de metal le atravesó la cabeza, puntualmente la mandíbula, el ojo izquierdo y el lóbulo frontal. Después de salvarse milagrosamente, el inglés comenzó a presentar un cambio abrupto en su personalidad, puntualizando que todos estos cambios eran referidos a aspectos morales, de normativa o valóricos, quién fue alguna vez una persona educada, responsable y amable, se convirtió de un momento a otro en un grosero, irrespetuoso y mal educado personaje. Nuevamente tuvimos una iluminación, la moral y el comportamiento social están neurológicamente ligados a nuestro hemisferio frontal.
¿Y el carácter? Bueno, tendríamos que volver nuevamente a la antigua Grecia para encontrarnos que el concepto de carácter está nutrido de variados aspectos y virtudes, los Estoicos ya hablaban en esos años de cuidar el carácter, de forjarlo. Para ello, era importante entender que hay cosas que no podemos controlar, y por otra parte, lo que si podemos controlar, lo hacemos con la maestría en la virtud; la paciencia, la constancia, la tolerancia a la frustración, la calma y el auto control.

No hay que pensar que Grecia era la única cultura filosófica y antigua que se centraba en el control de carácter, filosóficamente hablando. También están los samuráis, en Japón, quienes seguían el concepto del Bushido, el guerrero imperturbable. O quizás podemos hablar de la orden de los Caballeros en Inglaterra, quienes también pulían su carácter para poder entender de mejor manera su interior.
Si tuviésemos que definir al carácter, lo definiríamos como un cúmulo de virtudes que se pulen a lo largo del tiempo y a través de la experiencia, para poder controlar el temperamento. Es decir, uno es biológico, el otro es ambiental. La ventaja del carácter, es que con la experiencia lo podemos moldear, y mediante más vivimos, más experimentamos y más aprendemos, nuestro carácter debería poder controlar aún más al temperamento.
Entendamos entonces que un carácter bien formado, puede fácilmente controlar nuestro temperamento. Es decir, nuestra racionalidad colaborará en que las emociones no me sobrepasen en diferentes aspectos de mi vida; en la relación que tengo conmigo mismo, en la relación que tengo con los demás, en la tolerancia a mi propia frustración y a entender que la vida se trata de altos y bajos, y que no porque existan bajos que afectan nuestra estabilidad emocional, me voy a dejar llevar por emociones que nos lleven a tener pensamientos negativos sobre nosotros mismos.
Más de alguna vez hemos escuchado la frase “es que yo soy así”, cuando las personas actúan de manera impulsiva, torpe o anticipada. Pero esa frase solo refleja una comodidad que no puede tolerarse. El carácter cambia, siempre cambia, como las opiniones. Está ampliamente afectado por el ambiente y por la experiencia. Es cierto que las personas, mientras más mayores se ponen, más experiencia tienen, pero lo que no es del todo cierto es que se pongan más sabias. Para ser más sabio, hay que tomar aprendizajes de las experiencias, y poder aplicarlas en nuestras virtudes, la paciencia, la constancia, la tolerancia a la frustración, y el auto control.
La evolución máxima del carácter, es la amabilidad, el mantener la calma, el ser paciente y contemplativo, es cuando el ser humano se gana así mismo, vence su temperamento y se convierte, definitivamente, en mejor persona.
